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Se recita diariamente, por la mañana, a mediodía y al atardecer

Quien desee orar, que se lave las manos y, mientras se las lava, diga:

Fortalece mi mano, oh mi Dios, para que tome Tu Libro con tal firmeza que las huestes del mundo no tengan poder sobre ella. Cuídala, entonces, de inmiscuirse en lo que no le pertenece. Tú eres, verdaderamente, el Todopoderoso, el Omnipotente.

Y mientras se lava la cara, que diga:

He vuelto mi rostro hacia Ti, oh mi Señor. Ilumínalo con la luz de Tu semblante. Protégelo, entonces, para que no se vuelva hacia otro que no seas Tú.

Que luego se levante, se vuelva hacia la Alquibla (Punto de Adoración, es decir: Bahjí, ‘Akká) y diga:

Dios atestigua que no hay otro Dios sino Él. Suyos son los reinos de la Revelación y de la creación. Él, en verdad, ha manifestado a Quien es la Aurora de la Revelación, Quien conversó en el Sinaí, por medio de Quien ha resplandecido el Horizonte Supremo y ha hablado el Árbol del Loto, más allá del cual no hay paso, y mediante Quien se ha proclamado a todos los que están en el cielo y en la tierra el llamamiento: «He aquí, ha llegado Quien todo lo posee. ¡La tierra y el cielo, la gloria y el dominio son de Dios, el Señor de todos los hombres, y el Poseedor del Trono en las alturas y de aquí en la tierra!».

Que luego se incline, con las manos apoyadas en las rodillas, y diga:

¡Exaltado eres por encima de mi alabanza y la alabanza de cualquier otro además de mí, y por encima de mi descripción y la descripción de todos los que están en el cielo y todos los que están en la tierra!

Que luego, de pie y con las manos abiertas, las palmas alzadas frente al rostro, diga:

¡No desilusiones, oh mi Dios, a aquel que, con dedos suplicantes, se ha aferrado a la orla de Tu misericordia y Tu gracia, Tú que eres el Más Misericordioso de quienes muestran misericordia!

Que luego se siente y diga:

Doy testimonio de Tu unidad y Tu unicidad, y de que Tú eres Dios y no hay otro Dios más que Tú. Verdaderamente, has revelado Tu Causa, has cumplido Tu Alianza y has abierto de par en par la puerta de Tu gracia a todos los que habitan en el cielo y en la tierra. Bendiciones y paz, salutación y gloria sean con Tus amados, a quienes ni los cambios ni los azares del mundo han podido disuadir de volverse hacia Ti, quienes todo lo han dado con la esperanza de obtener lo que está junto a Ti. Tú eres, en verdad, Quien siempre perdona, el Todogeneroso.

(Si alguien recitara, en lugar del versículo largo, estas palabras: «Dios atestigua que no hay otro Dios sino Él, Quien ayuda en el peligro, Quien subsiste por Sí mismo», sería suficiente. Asimismo, bastaría si, estando sentado, recitara las siguientes palabras: «Doy testimonio de Tu unidad y Tu unicidad, y de que Tú eres Dios y no hay otro Dios sino Tú»).

 


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